Es sabido que Mulholland Dr. había sido concebida como una serie de televisión. Rechazado por ABC, David Lynch decidió hacerla un film. Así fue como nació la mejor película de Lynch, algo tan hermoso como un sueño y tan turbio como una pesadilla; la mezcla perfecta de lo surreal, el film noir y los deseos más profundos del ser humano.
A simple vista la película trata de una una aspirante a actriz/estrella que llega a Hollywood llamada Betty, que en el departamento que su tía le ha prestado, encuentra a una mujer amnésica que se hace llamar Rita (la cual sufrió un accidente automovilístico). Betty dicide ayudarla a recuperar su identidad, y como consecuencia forman una relación. Y por otro lado de la ciudad, Adam, un director de cine, intenta hacer una película que ha sido controlada por la mafia.
No trataré de explicar más a fondo la película, pues al igual que los sueños no tiene que tener sentido, sólo hay que sentirla y adentrarse a la mente de Lynch. Hay varios personajes que entran en la película y desparecen (como los detectives investigando el accidente de Rita). Pero no importa, pues lo impactante y grandioso de la película es la armonía con la que Lynch mezcla los géneros, las imágenes tan potentes y poderosas como la del Club Silencio, la másica y su edición.
Las actuaciones de Naomi Watts y Laura Harring (particularmente Watts) son brillantes. Uno como espectador espera actuaciones sinceras, y eso es lo que uno encuentra en Mulholland Dr., siguiendo a Betty (la aspirante a actriz) y Rita (la femme fatale) por el oscuro mundo que es Hollywood hastalos los rincones más oscuros de la mente.
Mulholland Dr. le dio a David Lynch un merecidísimo premio en Cannes a mejor director, entre otros premios. Y con esta obra maestra Lynch una vez más confirma que es un autor, que su estilo es inconfundible, un verdadero artista y como todos los grandes artistas, sus películas van directamente a las emociones.
Por: Sebastián Alfaro